La Tercera Cultura

En el mundo de habla hispana, los debates políticos y sociales han estado al margen de la ciencia y del pensamiento crítico durante toda su historia. Esto significa un retraso muy importante para el desarrollo de estas naciones, ya que las opiniones sobre la violencia, la educación, los programas de salud y otros conceptos fundamentales de la vida social están basadas en ideologías, prejuicios y modas. Por lo que es indispensable el punto de apoyo en la racionalidad que ofrece la ciencia empírica.

Ahora mismo, la violencia y las adicciones son temas centrales del debate social en todo el mundo, por lo que es imprescindible incluir el punto de vista de la ciencia, para evitar que los problemas sean abordados desde puntos de vista ideológicos, religiosos, sectarios o simplemente carentes de objetividad. Los nuevos descubrimientos en la biología de la mente, las investigaciones en células embrionarias, los estudios de la base evolutiva del engaño y el autoengaño, e inclusive la alteración en la forma de pensar tradicional que ha ocasionado la informática, son elementos que deben incorporarse al debate sobre estas dos lacras de la sociedad actual que no han podido controlarse.

Desde principios del siglo 20, los intelectuales de todo el mundo se han vuelto cada vez más reaccionarios y a menudo ostentan con orgullo su ignorancia de la ciencia empírica, desestimando muchos de los logros científicos que han propiciado un cambio muy importante en el nivel de salud y bienestar de la sociedad. Esto ha propiciado, hacia fines del siglo 20 una especie de movimiento cultural denominado la tercera cultura; en la que algunos científicos y otros pensadores empíricos están tomando el lugar de los intelectuales tradicionales, tratando de descubrir el significado más profundo de la vida humana y redefiniendo la parte metafísica del ser humano.

Como los intelectuales literarios no se comunican con los científicos, éstos se están comunicando directamente con el público en general. El papel de los medios ha sido fundamental, ya que mientras los periodistas subían en la comunicación con el público, los científicos y maestros se alejaban. De modo que los pensadores de la tercera cultura terminaron por evitar a los intermediarios y a través de metáforas y una narrativa interesante han logrado expresar sus pensamientos y descubrimientos en forma accesible a toda clase de público capaz de leer y pensar.

Los libros de Richard Dawkins, Jared Diamond, Brian Greene, Stephen Pinker, Roger Penrose, Danniel C. Dennet, E.O. Wilson y otros más, son lecturas obligadas de la juventud actual, como lo fueron los clásicos griegos y romanos, los modernos Shakespeare y Cervantes y los también clásicos de la Ilustración, como Voltaire, Diderot o Rosseau. Con la diferencia que sus publicaciones no están dirigidas hacia un sector privilegiado de la sociedad, ya que en esas épocas sólo los hombres libres que sabían leer tenían acceso a los libros, puesto que existían muy fuertes controles de los poderes fácticos que trataban de esconder todas las nuevas ideas. De hecho, la liberación de nuevos libros por la Iglesia Católica en Hispanoamérica (nihil obstat) aún subsiste levemente disimulado en algunos países, como México.

Los grandes científicos de la tercera cultura están realizando grandes descubrimientos. Por ejemplo, el genetista J. Craig Venter pretende crear genes sintéticos para afrontar las necesidades energéticas; el biólogo Ian Wilmut – quién clonó a la oveja Dolly – utiliza la transferencia nuclear para producir células madre embrionarias para investigación; Robert Trivers, el famoso biólogo investiga la base evolutiva del engaño y del autoengaño en el ser humano; el psicólogo inglés D. Hauser examina la moralidad y el físico Seth Lloyd está cerca de desarrollar una computadora cuántica que permitirá esclarecer muchos fenómenos de la causalidad física que aún se pretenden expresar con las matemáticas euclidianas.

Durante las dos últimas décadas, los temas científicos están alcanzando un papel preponderante en periódicos y revistas, desde biología molecular, inteligencia artificial, vida artificial, teoría del caos, paralelismo masivo, redes neuronales, fractales, universos inflacionarios, sistemas adaptativos complejos, supercuerdas, biodiversidad, genoma humano, nanotecnología, sistemas expertos, equilibrio puntuado, autómatas celulares, lógica difusa, biosferas espaciales, hipótesis Gaia, realidad virtual, superespacio y máquinas teraflop.

Las ideas derivadas de la tercera cultura anglosajona tardaron mucho en alcanzar al mundo de habla hispana y ha sido hasta fines del 2005, cuando se clausuró en el barrio de Raval en Barcelona, el Festival Internacional de Literatura ‘Kosmopolis’ , en donde por primera vez se sentaron en la misma mesa de clausura científicos y humanistas debatiendo los más variados temas, que iban desde Cervantes y el libro impreso hasta ideas de Hauser y Trivers sobre la nueva ciencia de la mente humana y el advenimiento del hipertexto en la red electrónica.

A través de la Historia, sólo un pequeño grupo de personas son los que han realizado el pensamiento crítico serio, mientras los demás se concretan a intervenir sin bases comprobadas en los asuntos políticos, sociales y económicos que generan la dinámica de la subsistencia del ser humano de una forma siempre inicua y violenta.

En todos los años que tiene la historia de la Humanidad no ha habido el más mínimo progreso en las actitudes violentas, egoístas, malévolas, lujuriosas e irracionales del ser humano. A través de la biología genética se puede demostrar que los grupos neuronales del ser humano que contienen estos factores genéticos no han sufrido ningún cambio para bien o para mal en los últimos 50 mil años.

El advenimiento al primer plano de la cultura actual de los intelectuales de la tercera cultura podría dar un sesgo muy importante a la dirección que lleva la sociedad humana, en el ámbito de las prácticas neo natales, la educación en todos sus niveles, la salud, las ciencias sociales, el debate político, la ecología, la demografía y quizá produzca un redimensionamiento de la familia y de las unidades básicas de vida social.

Asimismo, la tercera cultura podría propiciar la revaloración de los bienes materiales en la vida doméstica, la desaparición de mitos, religiones e ideologías, el desarrollo de valores postmaterialistas y la conducción paulatina hacia una sociedad humana que se reencuentre con el amor, la sensualidad, el arte y la espiritualidad.

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