Wall Street y economía criminal

Lo importante es el dinero,

lo demás son pláticas

Wall Street, película de Oliver Stone

Se supone que alrededor del 20% del comercio mundial corresponde a la actividad criminal, pero contamina, mediante el lavado de dinero a un porcentaje mucho mayor. Por otra parte, menos del 5% de las utilidades que produce el mercado de drogas – el más lucrativo de todos – regresa a los países productores, mientras que el 95 % restante que representa cerca de 300 mil millones de dólares, fluye libremente en el sistema financiero mundial.

Después de su lavado en los ‘paraísos fiscales’ como Gibraltar, las islas Caimán, la isla de Jersey y un centenar más de pequeños territorios, incluyendo atolones deshabitados, son reconocidos como domicilios fiscales en la micronesia, donde se registran cientos de miles de empresas fantasmas, de cuentas numeradas, de fondos secretos y de operaciones irregulares en todos los sectores y mercados del planeta, fuera de la vigilancia de cualquier país, institución internacional, fiscal o policial que obviamente no pagan impuestos.

Se considera que más del 50% del flujo de capitales del planeta circula a través de estos sistemas, donde se mezclan, mediante avanzadas técnicas financieras, los capitales de las hipotecas, de los fondos de inversión o de pensiones con los del narcotráfico, la prostitución, la pederastia, la extorsión de las mafias, etc. que se incorporan, después de borrar cualquier vestigio criminal a mercados de mejor reputación. Todas las cifras son aproximaciones hechas por expertos financieros, pero las cifras reales están perfectamente escondidas y no hay forma de verificarlas.

Esa grandiosa mentira de la capacidad de auto regulación del mercado que ostenta el neoliberalismo desde los años setenta es en realidad la mano invisible que genera un mercado global exento de regulaciones que convierte los vicios privados en virtudes públicas.

LA DROGADICCIÓN

El origen del consumo de drogas tiene como base cultural la búsqueda de estados de conciencia distorsionados en el marco de condiciones subjetivas, valores y formas de vida que van desde la alienación social al hedonismo, el narcicismo y la evasión. Durante los últimos 40 años en Estados Unidos se ha observado una demanda creciente por parte de la sociedad, con el propósito de alcanzar nuevas sensaciones, modificar los estados de percepción y sensoriales, suprimir o aumentar emociones y sentimientos mediante el consumo de estupefacientes. Según las oficinas de la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA), la demanda ha permanecido, porcentualmente estable, durante los últimos 40 años, sólo variando en su composición: más mariguana en los sesentas y setentas y más coca y crack a partir de 1985 hasta fines del siglo pasado. Luego más metanfetaminas, hasta ahora, cuando cayó casi por completo el consumo.

Se ha investigado el origen de estas tendencias adictivas, tanto por filósofos, sociólogos y psicólogos, concluyendo que las motivaciones son diversas entre los jóvenes ejecutivos y trabajadores de todos los niveles sociales, pero en general buscan satisfacer necesidades subjetivas muy complejas – que muchos de ellos ignoran – mediante el uso de las drogas.

Se ha señalado reiteradamente que la promoción y tolerancia en el uso de las drogas por el Ejército de los Estados Unidos es un medio para desvincular a los individuos de las implicaciones emocionales de la guerra, para mitigar fatigas físicas y psicológicas y ciertas formas de paranoia y de temores inducidas por los medios de comunicación masiva.

El creciente consumo de drogas en los Estados Unidos y muchos otros países es un fenómeno social relacionado con valores culturales vinculados a una cultura individualista y materialista que genera una tendencia a la violencia, la enajenación y la deshumanización que algunos consideran como decadente, pero que es una tendencia general en todo el mundo post capitalista.

El uso de las drogas aumenta las contradicciones del capitalismo, tanto en la esfera de la producción, con un trabajo en condiciones más exigentes y competitivas, como en el ámbito del consumo, en el que se promueve el hedonismo, la evasión y el ocio.

LAS RUTAS SECRETAS DEL CAPITAL CRIMINAL

La demanda creciente de drogas genera su oferta y eso constituye el origen de un sistema económico global que requiere de capitales para hacer las inversiones originales, luego la canalización de esos capitales a la producción de drogas, en seguida las materias primas necesarias para los procesos productivos, después los costos de manufactura, su trasiego hacia los países consumidores, la distribución de droga en las áreas de consumo y la venta al menudeo.

Después viene la recuperación del dinero y su devolución a los inversionistas originales. Por último la transformación de las enormes utilidades ilegítimas en capitales e inversiones legales que requieren de una complicada ingeniería financiera y jurídica.

La economía criminal tiene un carácter internacional impulsada por los altos precios que los consumidores pueden pagar, especialmente en los Estados Unidos. Por lo que es un gran error, o una cínica simulación, tratar de aislar el fenómeno o buscar eliminarlo desde su esfera de operación, sin desmontar la totalidad del proceso, como se ha demostrado palmariamente en el caso de México.

Es imposible terminar con esta actividad criminal si no se logra romper y detener la reproducción del ciclo económico que la sustenta, desde la inversión, hasta la legalización de las utilidades. Desde 1989, cuando se criminalizó en México el lavado de dinero, hasta hoy, sólo se han conseguido 26 sentencias judiciales contra el lavado de dinero. Por lo que se concluye que la mayor parte de las utilidades del narco en México han logrado cerrar su ciclo de inversión y de obtención de utilidades dentro de la economía criminal. El lavado de dinero en México ha sido creciente en las últimas tres décadas, pero no se puede perder de vista que el origen y el destino principal de acumulación de utilidades y la dirección del sistema se ubican en los Estados Unidos, país donde se originan y acumulan la mayor parte de las operaciones de esta actividad criminal.

A inicios de los años noventa, el argumento fundamental  para la venta de bancos mexicanos al extranjero era por su participación en el lavado de dinero, pero esto se ha olvidado ahora que la mayoría de los bancos son propiedad de bancos transnacionales que carecen totalmente de normatividades.

Aunque en la mayoría de los casos el origen del las armas del narco conduce a los Estados Unidos, el eje principal del análisis y de la estrategia de ataque a la economía del narco y a la criminal en general debe ser el sistema financiero. Ya es tiempo que la sociedad mexicana y sus gobernantes descubran que la idea promovida por los Estados Unidos de que un conjunto de organizaciones criminales extranjeras invaden y corrompen la pureza de la sociedad norteamericana es totalmente falsa, como también lo es la idea errónea y maléfica de que la economía criminal puede se combatida por el Ejército. Si eso fuera cierto, los Estados Unidos y los países desarrollados la estarían utilizando ahora mismo.

De todo lo anterior se puede concluir que a los Estados Unidos les interesa mucho que México se convierta en un estado policial comandado por el Ejército  donde sólo tendrían que controlarlo – como siempre lo han hecho con las naciones débiles – para mantenerlo cautivo y sirviendo a sus intereses geopolíticos. La supuesta lucha frontal contra el narcotráfico es una simulación del Gobierno de Calderón, tras la que se ocultan las disposiciones del Consenso de Washington para que México y Colombia realicen la ‘guerra sucia’ que conserva el precio de la droga y el ingreso multimillonario del narcotráfico a las arcas del Gobierno de los Estados Unidos.

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