Nueva Era

                           

En mi vida actual ya no deambulan los dulces oligofrénicos de mi barrio, ni los fantasmas goyescos que deslumbraron mi infancia pura, cuando las imágenes surgían de las palabras. Ya no sufro tampoco, las febriles reacciones hormonales inducidas por las náyades arteras de mis años mozos que desaparecían con los primeras luces de la aurora. Sólo ha quedado viva mi pasión por el caos de la belleza, por los enigmas metafísicos sobrevivientes y por la fría razón de la ciencia que ha transformado por completo la visión del mundo.

El ser humano ya no es el centro del Universo y el historicismo ha muerto. Todas las mitologías están en decadencia, nadie acepta los axiomas sin la praxis y con ello las ideologías mueren, las iglesias están en penuria y los conceptos de felicidad se convierten en grados de alegría. Los sentimientos y las emociones se transforman en procesos fisiológicos, los satisfactores materiales que producía el poder económico van siendo desplazados por elementos abstractos, los sueños y las fantasías se explican con las neurociencias y todo el mundo moderno, incluyendo al Estado se esfuman en la fragmentación y el caos posmoderno.

Los sentidos se avivan en la percepción de aromas y sabores delicados, en el maravilloso lenguaje de la plástica, las emociones metafísicas de la música, la literatura y de todas las artes. Todos los héroes de la Ilustración y la Modernidad están fatigados. El producto de sus mentes extraordinarias ya no se trasmite a las nuevas generaciones. Sólo han perdurado como patrimonio de la Humanidad las obras eternas de los grandes maestros de la plástica y de la arquitectura dedicadas a la belleza de la mujer, a la inmanencia de los dioses y a la vanidad de los poderosos.

La sociedad basada en el sustento de la familia, la producción de satisfactores materialistas y la comunicación a través del lenguaje va desapareciendo y ahora surge un mundo nuevo, en el que la familia se colapsa, los bienes materiales pierden valor y la palabra es un medio de comunicación que ha sido desplazado por las imágenes.

Es un nuevo mundo sin el calor familiar de antaño, sin la violencia de sus guerras permanentes y sin los eufemismos e hipocresías que propiciaban sus mitos, tras los que se ocultaba la verdadera condición egoísta y malvada del ser humano. Está surgiendo el pensamiento crítico que no acepta las verdades absolutas, las supremacías de ninguna clase, ni el dominio del poder económico.

Han muerto los profetas y solo queda una red virtual  que mantendrá unida a la sociedad humana y la volverá más libre, más solidaria y más igualitaria. Ya no habrá diferencias entre lo material y lo espiritual. Será una nueva era de armonía ante el surgimiento de un nuevo paradigma universal, donde la civilización buscará la preservación de su hábitat, mientras que la vieja pasión por el dinero vive una cruenta agonía.

El capital de los burgueses ha sido trasladado a los capos y la lucha en el libre mercado se decide con las armas.

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